miércoles, 6 de junio de 2012

Articulos "EL CASTIGO , LA EMERGENCIA Y LA SALIVA "

El castigo

España se va manteniendo gracias a la unión de muchos esfuerzos anónimos e individuales. Eso es lo que de momento contiene el cabreo que produce el ver que los responsables de esta pesadilla nunca serán castigados

Elvira Lindo 16 MAY 2012

¿Cómo sobrevive España con ese porcentaje escalofriante de parados? ¿Cómo no está a diario la gente en la calle? ¿Cómo no se disparan las cifras de hurtos, de robos, de asaltos? Hay algo que no cuadra, te dicen desde fuera. La contención misteriosa del pueblo español encuentra su explicación en la economía sumergida, que existe, obvio, pero conociendo a los míos me decanto más por la idea de que es la familia, esa institución que tanta aversión intelectual provocaba en mi generación, la que está salvando el país del desastre. Una solidaridad muda y eficaz que está paliando el déficit de guarderías, de ayudas relacionadas con la célebre ley de dependencia, que afectan al cuidado de enfermos crónicos, ancianos o discapacitados.




Nadie está ya libre, o casi nadie, de tener que tender su mano a algún familiar en paro o de tener que subvencionar las vidas de unos hijos que no vislumbran el momento de ser plenamente independientes. ¿Estábamos malcriados? Puede, puede que nos mereciéramos una reprimenda, puede que no hubiéramos sabido transmitir a nuestros hijos que la generación de nuestros padres fue la del hambre, puede que con tanto empeño en la recuperación de la memoria histórica se nos hubiera olvidado lo esencial, que España era, en esencia, un país humilde en el que la gente no gastaba más allá de lo que tenía. Puede que necesitáramos con urgencia un cambio de mentalidad, de acuerdo, pero eso no
significa que fuéramos merecedores de este castigo. Un castigo que sufren con más virulencia, como si el hilo de esta historia los manejara un ser perverso, aquellos que carecen de responsabilidad en este caos económico.
España se va manteniendo gracias a la unión de muchos esfuerzos anónimos e individuales. Eso es lo que de momento contiene el cabreo que produce el ver que los responsables de esta pesadilla nunca serán castigados.

Emergencia

¿Quién es responsable de esta ruina moral? ¡La dictadura de lo malo!
Manuel Rivas 12 MAY 2012

¿Por qué Rato y compañía no se van con 20 días de indemnización? Se habla mucho de crear un banco malo. Bueno, malos, lo que se dice malos, parece que ya tenemos algunos. Si nos fijamos bien, lo malo es una auténtica moda. Tenemos malos políticos. Según las encuestas, el tercer problema. Tenemos una monarquía que se ha puesto mala. Y tenemos una mala Justicia, tal vez el peor de los males. Vean al jefe de jueces, de turismo de lujo escoltado, mientras Garzón, el justo más amenazado, es expuesto con jactancia a la intemperie por quien está al cargo de la Seguridad de todos. ¿Y qué decir de esa peregrinación de vivos y de almas para dar testimonio ante una jueza federal argentina del desamparo en que la Justicia española ha dejado a las miles de víctimas de la dictadura? ¿Quién es responsable de esta ruina moral? ¡La dictadura de lo malo!
Dicen algunos ignorantes que el Gobierno no comunica bien. ¿Cómo explicar el cuento de Bankia? Cualquier intervención debería anunciarse antes o al tiempo que el cese de Rato, y no despilfarrar en incertidumbre. Pero si el Gobierno comunicase bien, perdería el prestigio de hacerlo mal. Un fracaso. Para que una historia funcione bien es imprescindible un buen
malo. Incluso el mal hay que hacerlo bien: con austeridad. El problema es cuando hay tanta desmesura, tanto malo haciéndolo mal. España no da para tanto.
Los miles de millones para sanear el pufo bancario son justos los birlados a Sanidad o Educación. Se han escamoteado hasta los fondos para el VIH-sida. Y en la desatención a los inmigrantes, podrían haber creado un hospital malo para los enfermos invisibles o desechables. Miles de personas desesperadas intentan recuperar sus ahorros preferentes, pero han descubierto que habían invertido en un eufemismo inalcanzable. Se habla mucho de “vergüenza”. Lo que pasa no es una vergüenza. Es un crimen.

Saliva

Ortega sentenció: lo que nos pasa es que no sabemos lo que nos pasa
Manuel Vicent 13 MAY 2012

Tal vez habría que remontarse al final del siglo XIX, cuando España terminó por perder las últimas colonias de Cuba y Puerto Rico y se estaba desangrando en la guerra de Marruecos, para hallar una caída moral, una confusión política y un desprecio por la propia patria semejante a la que atenaza a los españoles en este momento. Ganivet había escrito entonces que el problema de este país se solucionaba echando un millón de españoles a los cerdos.
La Generación del 98 hizo del pesimismo nacional su estética literaria. Ortega sentenció: lo que nos pasa es que no sabemos lo que nos pasa. Parece que aquí hoy tampoco sabe nadie la forma de salir de la crisis, salvo la de ensayar una vez más la curación por la saliva, propia de un país de leguleyos rábulas, políticos burócratas y sacamuelas de tertulia, de modo que
al final el problema de la economía se disuelve en un flato ensalivado de opiniones arbitrarias, juicios vanos e insultos en una algarabía de corral de gallinas.
“España se hunde en la miseria, necesita otro cirujano de hierro”, exclama un contertulio. De momento él ya tiene la vida resuelta diciendo gilipolleces por varios canales y emisoras distintas en un solo día. Han vuelto los cesantes y mendigos galdosianos. ¿Adónde habrá que mirar para salvarse? ¿Al palacio de la Zarzuela? ¿A la presidencia del Tribunal Supremo? ¿A la Moncloa? ¿A los diputados? ¿A los banqueros? ¿Al Vaticano? ¿A los jóvenes del 15-M, acampados en la Puerta del Sol?
En cualquier punto donde fijes la mirada no hallarás sino a un Rey que mata elefantes y a su yerno que mete mano en el erario público; al primer magistrado del Supremo envuelto en un escándalo de hortera; a un presidente del Gobierno que exhibe en público el impudor de sus dudas; a los banqueros que se premian con una masa ingente de dinero después de arruinar a los accionistas; a los obispos que bendicen este infame Cafarnaún con palabras hipócritas pronunciadas con el cuello blando. Está bien.
Quedan los ciudadanos que cumplen con su deber. Quedan los jóvenes airados y su utopía. En Sodoma, Yavé estaba dispuesto a detener la lluvia de azufre si había un solo hombre bueno. Buscad a un buen panadero. A partir de un panadero honrado se puede levantar de nuevo una gran nación.

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